domingo, 30 de diciembre de 2012

La prevalencia de la locura.

La locura. Esa palabra que representa algo que casi todos tememos que nos represente, cuando prácticamente ya nos representa a todos.

Los límites de la locura los fija cada uno. La locura, como tal, no existe, pues se basa en la subjetividad de la interpretación de las acciones. Muchas veces no nos atrevemos a juzgar si lo que otra persona hizo, pertenece al ámbito del bien, o del mal: "es muy subjetivo", "yo no sé cómo hubiera actuado en tu lugar", "no lo sé, lo que para mí está bien puede estar mal para otro". No obstante, con la locura todos nos atrevemos. Nos gusta hacer saber que otra persona está actuando "haciendo una locura".

¿Qué es la locura? A mi me gusta definirla como, "aquello que hacemos porque nos lo dicta nuestro corazón, nuestra intuición, cuando la siempre tan dura y fría lógica nos indica que el camino es erróneo". He de confesar que soy un experto en hacer locuras. En actuar de una manera que sorprende a mi entorno, en hacer cosas que pocos harían.... y sí, la mayoría de las veces me ha ido mal haciéndolo, he acabado perdiendo, herido o siendo tomado por "un idiota que no piensa lo que hace". Pero muchas veces cuando pienso "no tendría que haberlo hecho así, fue una estupidez", intento ponerme en la situación en la que me encontraba cuando decidí actuar así: "¿cómo me hubiera sentido entonces, si no hubiera actuado como creía que tenía que hacerlo entonces?".
Hace unas semanas, vi la famosa película "El caballero oscuro", por primera vez. Quiero citarla ya que es, probablemente, la película que más me ha recordado a la locura. Recuerdo concretamente dos frases que me llamaron mucho la atención, y mi mente estableció una conexión directa con lo que para mí significa la locura:
- Comisario Gordon: "Un héroe, no el héroe que nos merecíamos, pero sí el que necesitábamos".
- Batman: "Porque a veces, la verdad no es suficiente. A veces la gente se merece algo más. Merece una recompensa, por tener fé".

La locura podría ser ese héroe del que habla Gordon, que quizás no nos merecemos, pero necesitamos; o esa recompensa que supera la dura realidad, de la que habla Batman. Cuando falla la razón, cuando la realidad nos quita todas las fuerzas e ilusiones, cuando "lo racional" no consigue hacernos felices...

¿y si la solución a los errores cometidos por nuestras locuras, sólo puede venir de la mano de una nueva locura?

viernes, 21 de diciembre de 2012

"Sentimientos"


"Los científicos dicen que estamos hechos de átomos y moléculas. A mi, me enseñaron que estamos hechos de historias"
Algo por el estilo, aunque no recuerdo si con esas palabras, leí una vez en las letras de Eduardo Galeano.

¿Qué es la esperanza? Me gustaba definirla como, "aquello que nos permite seguir en pie aún cuando todo parece haber terminado". Hoy, creo que la esperanza es algo más que eso. Y no es del todo buena. La esperanza es, también, "aquello que te da el golpe de gracia, cuando ya todo ha acabado". 
Son muchos los sentimientos y emociones que nos afloran en nuestra vida. Pero creo que ninguno es tan útil y peligroso como la esperanza. Es la que nos puede mantener fuerte en las peores condiciones, y a la vez la que acaba con nosotros, cuando las cosas no están de nuestro lado. Pero bueno, eso es otra historia... no me dedicaré a hablar de la esperanza.

La Amistad es otro sentimiento extraño. Desde un punto de vista frío y objetivo, los amigos no son más que personas corrientes, con las que compartimos un poco más de tiempo que con las otras personas. Y es curioso como el tiempo, lo que hace la diferencia entre un extraño y un amigo, permite el nacimiento de otros sentimientos, que a veces nos hacen "encadenarnos" mucho a las personas: cariño, confianza, complicidad, lealtad, simpatía, buena onda... llámalo como quieras, pero, ¿a que quieres a tus amigos? 
Yo soy alguien muy extraño. Soy exteriormente frío, y poco cariñoso. No me gusta mostrarle a una persona que dependo de ella, o al menos que me importa mucho lo que siente, piensa, dice... Yo soy de los que parece que no le importa demasiado la gente. De los que no escucha. De los que no quiere.

Yo no puedo vivir sin mis amigos. Soy un... estúpido, que se encadena fuertemente a las personas que quiere. La vida me enseñó que eso era peligroso, y me prometí no volver a hacerlo... ¿He dicho alguna vez que casi nunca cumplo mis promesas? 
Bueno paro, que no estoy aquí para hablar de la Amistad. 

El esfuerzo no es exactamente un sentimiento, aunque para mi, personalmente, sí lo es. Pero el esfuerzo está infravalorado, o mejor dicho, está mal valorado. Pero no voy a hablar del esfuerzo.

¿De qué hablo ahora? En realidad no quiero hablar de nada, y de todo a la vez. Tengo tantas cosas que decir, cosas que deseo gritar. Pero no lo haré hoy... no todavía. 

Me enseñaron en el cole, que las historias tienen un principio, un nudo y un desenlace. El principio siempre es muy duro, tenemos que aprender nuevos datos, realizar un esfuerzo tremendo para adaptar nuestro "yo" a  lo que la historia nos imponga. Luego está el nudo, que a veces es muy interesante, y otras es un verdadero coñazo. Aquí ocurre todo, bueno casi. Aquí decides normalmente si te gusta o no la historia, si va según "lo previsto" o te sorprende y te exige más de ti. Normalmente el nudo cambia a las personas, al menos temporalmente. El desenlace. Lo que más odio de toda historia. Siempre es amargo, siempre exige una despedida, una lágrima, un "aquí se acaba, para siempre". Odio los finales, no se me dan bien las despedidas, ni las lágrimas. 

Hay tantas cosas que me gustaría decir, y sin embargo, ya no me apetece escribir. Ha sido un viaje interesante, al menos para mi. Ha sido un placer escribir las pequeñas tonterías que, unas veces se me ocurren, y otras voy viendo aquí y allí. Pero, ahora, creo que va siendo hora de cerrar algunas cosas. Hay que saber cuándo cerrar algo, ¿no se dice eso? Quizás algún día...

Hay algunos lugares, que se han vuelto demasiado melancólicos para mí... y yo odio la melancolía. Pero bueno... no estoy aquí para hablar de la melancolía.








jueves, 20 de diciembre de 2012

Mi última conversación


Era de noche, como siempre. La luz del patio estaba encendida, pero iluminaba muy poco, lo suficiente para que nosotros dos nos viéramos las caras, aunque temíamos mirarnos a los ojos. Llovía tranquilamente, tal y como yo adoraba, y nada se oía más que nuestras duras palabras, y el maravilloso sonido de las gotas de agua cayendo sobre la madera y resbalando sobre las tejas del techo. 
Nosotros estábamos en la puerta, ni dentro ni fuera, sino en el límite, como solíamos ponernos cuando teníamos que charlar seriamente. Él estaba ahí, tranquilo y con los ojos bien abiertos, escuchando como siempre hacía. Yo... bueno simplemente estaba, intentaba huir de su mirada directa y penetrante, buscando las palabras más racionales que vinieran a mi mente. Él tenía muy buen carácter, y casi no era capaz de alterarse lo más leve. Su diálogo no obstante era firme y directo, como solía hablar cuando temía por la otra persona, porque no le gustaba lo que estaba oyendo. Yo, era un desastre. Siempre lo soy, pero cuando quiero llorar, intento huir como un cobarde, diciendo cosas que no quiero decir, pensando cosas que no quiero pensar. 

- ¿Y bien, ya has acabado? Tu postura me sorprende, no es propio de ti. 
+ Mi postura no te sorprende, pues ya me conoces. Sabías que te diría esto.
- Sin embargo me has llamado, ¿para que intente hacerte cambiar de opinión? 
+ No. Sólo necesitaba un amigo.
- .....
+ No suelo ser sincero con los sentimientos, no suelo decir la verdad de lo que siento. Sólo soy sincero con el resto de las cosas, con todo aquello que no le chive a nadie lo que siento por dentro. Odio la hipocresía, no aguanto la deslealtad, critico la tiranía, me enfurezco con el deshonor....
- Y eres incapaz de decir que estás destrozado, y que necesitas llorar con alguien a tu lado.
+....sí.

Salí bajo la lluvia. Quería sentir el frío de las gotas de agua sobre mis mejillas y mi frente. Quería sentir mi ropa empapada. Quería sentirme vivo. 

- El truco de llorar bajo la lluvia ya es muy viejo. Puedes volver aquí y llorar a cara descubierta, soy tu amigo.
+ También puedes venir tú aquí y llorar conmigo.
- No me apetece llorar.
+ Entonces deja que la lluvia resbale sobre tu cara, y llore por ti.

Ambos entramos dentro de la casa, nos sentamos ante la chimenea y cogimos un par de cubatas. 

+ Así que, ¿me has dicho que abandonas? 
- Técnicamente no, abandonar implica dejar de intentar, antes del fin de la batalla. Yo no he dejado de intentar, yo no he abandonado. He luchado. Hasta el final. He sido derrotado, no he abandonado.
+ Así que todo acaba aquí. Lo que ha ocurrido hasta aquí queda en un... 

No recuerdo exactamente cuáles fueron las palabras que salieron de su boca. Sólo recuerdo que me miró, y presté más atención a sus ojos que a sus palabras. Sus ojos mostraban comprensión, y sin embargo enfado. Estaban húmedos y pareciese que fuera a llorar, pero no lo hizo. Estaba en blanco. Por primera vez, la única persona que sabía siempre qué decir, se levantó de la silla, sirvió otro par de copas y dijo... "Hay un tiempo para todo" 
No ocurrió nada más, nunca volví a verle, ni a hablar con él. Yo odiaba las conversaciones inacabadas, odiaba quedarme con tantas cosas que decir, pero sobre todo con tantas cosas que escuchar. Me gusta escuchar a la gente, y mucho más a alguien que sé que me aprecia. Pero aquella conversación, simplemente quedó sin final para mi memoria. 

* Puedes para de hablar ya si quieres, descansa un poco. 
- Gracias.
* Hay algo que me ha llamado la atención, ¿por qué has hablado de todo en pasado: me gustaba, odiaba, yo era, etc?
- Bueno, simplemente quiero creer que todo forma parte del pasado, y no del presente. 
* ¿Quieres auto-engañarte?
- Prefiero decir, que quiero creer... que he cambiado. 
* Supongo que ya no volveremos a vernos, como aquella vez, ¿no?

lunes, 10 de diciembre de 2012

Delirios de la Humanidad

En una triste noche, donde los perros ladran de felicidad
brillan los delirios de la humanidad
bajo los impasibles ojos del ser mas mal enseñado.
¿Cuál es el sentido de la supervivencia...
cuando integridad y honestidad no son más que palabras vacías?

La supervivencia del más común,
entre incompatibilidades y variedades impuestas.
Imposición natural, de nuestra madre, de nuestra creadora,
pues no habrá mayor creadora que la variedad.
El resto, meras copias son.

Los días tristes son para soñar,
pues no habrá mayor tristeza que la de no poder soñar.
En un día en el que el Mundo es mierda, 
los delirios de la Humanidad se muestran como son.

No intentes comprender lo que no sigue una razón,
del mismo modo que no intentas conocer a aquello que te hace temer.
Sin embargo no habrá mayor Maestro que el temor,
pues sólo cuando tememos empleamos todo nuestro potencial.
Sólo cuando tememos, nos mostramos como somos por dentro.

Los días tristes son para soñar, 
del mismo modo que las noches tristes son para escribir.
Escribir, que no hablar. Crear, que no copiar.
Porque en las noches tristes, yo aprendí a mirar aquello que fue.
Y lo que fue parecía absurdamente imposible,
y sin embargo, fue.

Ahora que el futuro parece una certeza matemática,
mi mente quiere creer en las hadas.
Porque los delirios de la Humanidad, 
no siguen las leyes de la razón, son para soñar.

Vicente

viernes, 30 de noviembre de 2012

Me gusta escuchar a Julio Anguita

Independientemente de mi acuerdo o desacuerdo con cada una de las cosas que piensa y defiende, me gusta escuchar hablar a este hombre.

Entrevista en el programa "Salvados", con Jordi Évole

Charla-coloquio en Marbella sobre "Ética y Política"

martes, 23 de octubre de 2012

Hablando sobre el Amor

La noche cae una vez más en el tranquilo y apartado pueblo. 
Las calles, frías y prácticamente vacías, encierran una magia indescriptible, historias apasionadas con tintes y sabores tan variables como variables son las definiciones que se le atribuyen. El Amor. 
Parejas, almas solitarias, familias pequeñas se pasean respirando el helado viento de la noche, iluminada por la tan bella y casi siempre presente luz de la Luna. El Amor llena esas calles tan gélidas y maravillosas con estas historias, que deambulan en busca de algún verso que las continúen, o tal vez, las terminen. 

Cuántas veces no habré pensado, apoyando la cabeza sobre el cristal de alguna ventana que diera al patio trasero, en buscar una definición para aquello que todas las personas sienten, en algún momento obligado de sus vidas, de forma tan incomprensible e irracional... de forma tan espléndida.
Amor es aquello que él siente por ella, o ella por él. Amor es lo que él siente por él, quizás él por él. Amor es lo que ella siente por ella, o tal vez ella por ella. Amor es lo que sientes por tus padres, tus amigos, tu perro, tu gato, tu bicicleta, tu oficio, su caligrafía, por ti. Amor, afecto, cariño, gusto, aprecio... tantas palabras, y tan pocas formas de saber diferenciarlas. ¿Qué más da, no? 

- ¿Hablando sobre el Amor, dices? Pero si no has dicho nada. 
* Tienes razón. Cuando quieres hablar del Amor, la mente se te queda en blanco. Es como si tu mente decidiera que, bueno, simplemente es mejor no decir nada del Amor. 
- ¿Entonces, cómo hablaremos de Amor?
* ¿Para qué hablar de tal cosa? El Amor es complicado por definición, no se puede hablar de él sin estar completamente seguro de que no se ha dicho una barbaridad, ¿no es fantástico?
- Pero, ¿no habíamos quedado en que no había definición?
* Hombre, yo tengo la mía. A ver si te gusta esta: El Amor es probablemente la única palabra que nadie sabe definir, pero que, con nombrarla, todo el mundo sabe exactamente a qué se está refiriendo, y... ¿puede haber algo más complicado que algo que consiga poner de acuerdo al Mundo entero?

viernes, 6 de julio de 2012

Poema de Tecumseh


Vive la vida de modo que el temor a la muerte
no pueda entrar nunca en tu corazón.
No importunes a nadie acerca de su religión,
respeta a los demás y sus puntos de vista,
y exige de ellos que respeten el tuyo.
Ama tu vida, perfecciónala.
Cuando te levantes por la mañana, da gracias por la comida
y por la alegría de vivir.
Si no vez ninguna razón para dar las gracias, la culpa es sólo tuya.
Nunca abuses de nadie ni de nada, porque el abuso vuelve a los sabios necios y se lleva el espíritu de tu visión.
Embellece todas las cosas de tu vida.
Trata de prolongar tu vida y de hacerla útil para tu pueblo.
Cuando llegue la hora de tu muerte,
no seas como aquéllos cuyos corazones están
llenos de temor a la muerte,
y que cuando llega su momento lloran y rezan
para tener un poco más de tiempo para vivir la vida de un modo diferente.
Canta tu canción fúnebre y muere como un héroe que regresa a su casa.
Cuando te levantes por la mañana da gracias por la comida y por la alegría de vivir.
Si no ves ninguna razón para dar las gracias... la culpa es sólo tuya.

miércoles, 27 de junio de 2012

No culpes a Nadie

Nunca te quejes de nadie, ni de nada, 
porque fundamentalmente tú has hecho 
lo que querías en tu vida.



Acepta la dificultad de edificarte a ti 
mismo y el valor de empezar corrigiéndote. 
El triunfo del verdadero hombre surge de 
las cenizas de su error.

Nunca te quejes de tu soledad o de tu 
suerte, enfréntala con valor y acéptala. 
De una manera u otra es el resultado de 
tus actos y prueba que tú siempre 
has de ganar.

No te amargues de tu propio fracaso ni 
se lo cargues a otro, acéptate ahora o 
seguirás justificándote como un niño. 
Recuerda que cualquier momento es 
bueno para comenzar y que ninguno 
es tan terrible para claudicar.
No olvides que la causa de tu presente 
es tu pasado así como la causa de tu 
futuro será tu presente.

Aprende de los audaces, de los fuertes, 
de quien no acepta situaciones, de quien 

vivirá a pesar de todo, piensa menos en 
tus problemas y más en tu trabajo y tus 
problemas sin eliminarlos morirán.

Aprende a nacer desde el dolor y a ser 

más grande que el más grande de los 
obstáculos, mírate en el espejo de ti mismo 
y serás libre y fuerte y dejarás de ser un 
títere de las circunstancias porque tu 

mismo eres tu destino.

Levántate y mira el sol por las mañanas 
y respira la luz del amanecer. 
Tú eres parte de la fuerza de tu vida, 
ahora despiértate, lucha, camina, decídete 
y triunfarás en la vida; nunca pienses en la suerte, 
porque la suerte es: el pretexto de los fracasados.



Pablo Neruda

sábado, 9 de junio de 2012

Confesiones de un estudiante de Medicina...



"El valor de un hombre debe medirse por aquello que da, y no por aquello que recibe" A.Einstein

Así iniciaba un escrito realizado por unos médicos, explicando lo que, según ellos, implicaría ser un buen médico. Y es que esa pregunta creo que ronda por la cabeza de cada persona, haga lo que haga: "¿Seré bueno en lo que hago?¿Conseguiré superar mis propias expectativas?". Lo malo que comparte la Medicina con otras profesiones, aunque pocas, es que el "ser bueno en lo que hace" es casi una exigencia, más que una búsqueda de saciar nuestros propios deseos. Si no consigo aprender a ser bueno en lo que seré, la gente sufrirá, recibirá tratamientos inadecuados, y puede que incluso muera.

No creo que sea propio de muchas personas pararse a pensar en estas absurdidades en período de examen, a un día y dos noches del primero de unos cuantos exámenes. No obstante, la desesperación que causa el estar sentado horas, y ver que no se avanza, hacen surgir todo tipo de preguntas.
Confieso que, aunque muchas veces haya querido hacerlo ver así, nunca tuve las ideas muy claras en cuanto a qué carrera estudiar. De hecho, lo único que tenía claro es que quería ser científico, entender al menos un poquito de este caos incomprensible en el que vivimos. Por ello, no rechacé ninguna opción, desde las matemáticas puras hasta las ciencias aplicadas, como es la Medicina, pasando por la física, la química, la biología, y así, con el resto del conocimiento científico.

Amo la Medicina, no me cabe la menor duda. Tampoco creo que me haya equivocado. Me decanté por la Medicina precisamente por no ser una Ciencia pura. Entiendo que el mundo debe ser lógico, y debe tener explicaciones racionales para casi todo, pero a la vez, entiendo que no podemos perder la magia. Entiendo que no podemos ser robots, y creer que podemos almacenar todo el conocimiento en un libro gigante, conocer el Universo en su totalidad.... y es que hay muchas cosas, que la Ciencia no puede abarcar. La Medicina era, desde mi postura y visión, la única opción que me permitiría tener una visión científica y racional de las cosas, sin perderme del todo en un mundo matemáticamente calculado, en pensamientos cerrados por leyes  y afirmaciones. La práctica clínica me dejaría poder sentarme una tarde en una silla y pensar: "¿joder, pero esto cómo puede ser?" La práctica clínica dejaría en mi mente una pequeña puerta abierta a la duda, a la creencia de un mundo mágico, donde no todo tiene explicación y una definición en forma de ley absoluta, escrita en algún párrafo de algún libro perdido.

Hoy, ahora, en estos instantes, no tengo ni la menor idea de si la opción que en su día elegí es la más adecuada para mí. No creo que me haya equivocado, y sin embargo, no puedo parar de preguntarme qué hago aquí... No puedo para de desesperarme al ver que, en mi opinión, no estoy madurando y aprendiendo como lo hacen mis compañeros. No puedo evitar la frustración al ver que soy incapaz de retener tanta información. No soy de memorizar demasiado, me gusta más leer y aplicar razonamientos e interconexiones lógicas, que unan "las partes" en un todo. Ante tochos de folios, numerados y subrayados, rellenos de clasificaciones y definiciones...mi mente no puede hacer otra cosa que perderse.
Y entiendo que deba estudiar mucho, saber de todo y conocer muchísimos datos, porque, como decía un buen profesor del cual aprendí muchísimo: "Si no sabes que algo existe, ¿cómo lo vas a diagnosticar?"
Imagino que no me queda otra que aceptar que el fallo está en mi, y que aún debo esperar un poco más, a que me adapte y moldee mi mente de acuerdo con lo que se me exija...

... y es que no puedo evitar preguntarme, si de verdad conseguiré ser un buen médico. 

lunes, 2 de abril de 2012

Algún día...


En pie me hallo de nuevo, ante la atenta mirada de mi ventada. Observándome, triste como siempre, pero hermosa como nunca, la lluvia ... ella guarda un poder sorprendente. Es capaz de hacer que sientas su olor desde el otro lado de la ventana. Es capaz de hacer que sientas el pasado. Es capaz de hacer que añores el pensamiento... es capaz de hacer que de tus ojos salga lo que la compone.

Algún día, dejaré de sentir que volví a fracasar. Algún día, dejaré de mirar por mi ventana y sentir que hubiera aprovechado mejor mi vida haciendo otras cosas. Algún día dejaré de volar hacia atrás en el recuerdo, para mirar directamente al presente, y cuidarlo como lo que es... cuidarlo como aquello que mañana puede que no esté.

Algún día dejaré de amar esa música que es capaz de ponerte el vello de punta...esa música que eres capaz de oír día tras día, noche tras noche.
Algún día dejaré de escribir mis historias en un papel imaginario, con la idea de plasmarlo luego en algún sitio infinito.
Algún día dejaré de observar todo lo que me rodea, para simplemente sonreír.
Algún día sé que, aunque no quiera, conseguiré olvidarlo todo.
Algún día, puede que incluso deje de amar la lluvia, y deje de odiar el odio.
Quizás algún día vuelva a encontrarme con aquellos que perdí, y pierda a aquellos que me acompañan.
Probablemente algún día......

Algún día, mientras la lluvia aún exista... antes de que mi camino se acabe, y antes de que mis sueños se esfumen... Algún día, antes de que mi corazón te olvide.

Probablemente algún día......

domingo, 11 de marzo de 2012

Solemos olvidar...

Solemos olvidar muchas cosas...
Solemos olvidar, por ejemplo, que casi siempre tenemos la culpa de lo que nos ocurre,
y que los demás, casi nunca la tienen.
Solemos olvidar que lo más fácil de este mundo...no suele ser lo correcto,
y que la verdadera belleza cuesta conseguir.
Solemos olvidar también, que una vez dichas, las palabras no vuelven...
y normalmente, cambian nuestro mundo para siempre.

Olvidamos muy fácilmente que lo más importante de la vida... es la propia vida,
lo demás suele ser secundario.
Olvidamos continuamente que pedir perdón, decir "te quiero" y escuchar a los demás...
no cuesta tanto, y sin embargo nos aporta mucho.

Solemos olvidar muchas cosas...
Olvidamos, por ejemplo, que el cometer errores no nos hace más torpes,
sino más sabios.
Solemos olvidar que los miedos, los sueños y las fantasías... son emociones útiles,
y que no debemos avergonzarnos de ellas.
Olvidamos continuamente que no importa tanto si las cosas las hacemos bien o mal, tarde o temprano aprenderemos...lo importante es hacer.

Solemos olvidar tantas cosas... pero eso también está bien,
así, algún día, podremos sentarnos juntos... y recordar....

Vicente

viernes, 20 de enero de 2012

Fragmento del soneto 10. “Sonetos Sacros”

“Muerte no te enorgullezcas,
aunque algunos te llamen poderosa y terrible,
puesto que nada de eso eres;
porque todos aquellos a quienes creíste abatir no murieron,
triste muerte,
ni a mi vas a poder matarme,
esclava de lado,
la fortuna, los reyes y los desesperados,
si con veneno, guerra y enfermedad y amapola o encantamiento
se nos hace dormir tan bien y mejor que con tu golpe,
de qué te jactas,
tras un breve sueño despertamos a la eternidad y
la muerte dejará de existir,
muerte morirás.”
JOHN DONNE

Poema 20. "Veinte poemas de Amor, y una canción desesperada"

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Escribir, por ejemplo: ” La noche está estrellada,  
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”. 
El viento de la noche gira en el cielo y canta. 
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.  
Yo la quise, y a veces ella también me quiso. 
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.  
La besé tantas veces bajo el cielo infinito. 
Ella me quiso, a veces yo también la quería.  
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. 
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.  
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. 
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.  
Y el verso cae al alma como pasto el rocío. 
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.  
La noche está estrellada y ella no está conmigo. 
Eso es todo. A lo lejos, alguien canta… a lo lejos.  
Mi alma no se contenta con haberla perdido. 
Como para acercarla, mi mirada la busca.
Mi corazón la busca… y ella no está conmigo. 
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.  
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. 
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.  
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. 
De otro… será de otro, como antes, de mis besos.  
Su voz, su cuerpo claro… sus ojos infinitos. 
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.  
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. 
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,  
mi alma no se contenta con haberla perdido. 
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,  
y éstos sean los últimos versos… que yo le escribo. 
Pablo Neruda