lunes, 27 de septiembre de 2010

Ciencia de la Humanidad

Hacía algún tiempo ya que no cogía el autobús para dirigirme a un centro educativo. En mi asiento imagino cómo será el lugar al que voy a pasar los próximos 6 años de mi vida, si todo se desarrolla con normalidad, claro está. No puedo evitar sentir temor al pensar en el tipo de persona que me encontraré, son muchos los calificativos negativos que reciben los estudiantes de medicina...que si son orgullosos, se creen mejores que nadie, su mente está invadida por la competitividad y las notas más altas...parece que son "seres" difíciles de poder soportar, salvo que te parezcas a ellos.
¿Será así?¿Seré yo así?¿Realmente existe un "tipo" de personalidad para cada "tipo" de estudiante según lo que estudian?
El autobús se va acercando más a mi destino, mi mente empieza a confundirse...¿cómo será la facultad?¿Qué tendré que estudiar?¿¡Cuánto tendré que estudiar!?¿Cómo serán las personas que me enseñarán mi oficio?...tampoco los profesores de universidad tienen buena fama después de todo.
Ya no hay tiempo para ponerse nervioso, estoy a escasos minutos de tener que entrar en el aula...¡Será posible!

Se dice de la medicina que es la ciencia de la humanidad, mientras tomo mi desayuno en frente de la facultad puedo distinguir algo que me hace pensar...el hospital. Allí muchas personas estarán sufriendo, ellos no están bien, ¡Necesitan ayuda! De repente recuerdo el motivo por el que me encuentro ante dicho centro, recuerdo por qué, a pesar de mis "no malas notas" en el bachiller y de quedarme a muy escasa distancia de entrar en esta carrera el año anterior, a pesar de maldecir una y otra vez mis inútiles horas de trabajo y sacrificio en mi preparación, dediqué otro año más a mejorarme, a superarme.
El miedo de repente se borra de mi mente, debo sentirme orgulloso de mi camino, debo sentirme privilegiado por estar en un lugar en el que, desgraciadamente, cada año más y más estudiantes no pueden acudir.

Son las once, el salón de acto está repleto de jóvenes ilusionados e ilusionadas por su primer día de facultad...una persona pasa a través de la atenta mirada de todos los presente, parece importante, y va acompañado por muchas otras que llevan batas blancas... el decano y los profesores nos dan la bienvenida. Escucharé con atención.


martes, 14 de septiembre de 2010

El tren de las historias incompletas

A días contados de empezar un nuevo camino en mi vida académica, es imposible no echar una mirada hacia atrás y ver cuál ha sido mi camino hasta llegar a este punto. El lugar donde considero haberme formado, no solo académicamente, sino también personalmente, viene entrañablemente a mi memoria en muchas ocasiones...haaa, aquel lugar donde conocí a mis amigos, quienes de alguna u otra forma, siempre llevo conmigo en mi interior. Es extraño recordar cómo hemos evolucionado. Por "hemos", hago referencia a todos los que he conocido en ese centro, desde mis compañeros de clase, profesores, conserjes... pasear por aquellos pasillos, entrar en esas aulas.

Dijo una vez un profesor mío, tras superar mis compañeros y yo nuestros exámenes de selectividad, que un profesor era como un jefe de estación de trenes. Un jefe que nos ayuda a subir nuestro equipaje a un determinado tren, y que permanece a nuestro lado hasta el momento de la partida. Cuando el tren marcha, el jefe de estación no sabe en qué estación se bajará cada uno de los pasajeros que ayudó a subir, no sabe cómo será el viaje de estos pasajeros, puede que ni siquiera sepa si la ayuda que ofreció en subir tanto equipaje sirvió para algo...

El jefe de estación está lleno de historias incompletas... historias que él mismo ayudó a escribir, historias que tendrán desarrollos tan distintos, finales tan distintos.Esos jefes de estación pocas veces reciben el agradecimiento que se merecen, por que son solo eso, ayudantes de subida de equipajes
 ¿no es así?


Es realmente imposible para mí no pararme a pensar en esos jefes de estación cada vez que recuerdo mi espera en la estación...¿habría sido posible sin ellos?...podría haberme equivocado de tren, tal vez si hubiera esperado solo en la estación, me habría aburrido, puede que no me animara a coger nunca mi tren...Parece que no son simples ayudantes de subida de equipajes, esos jefes de estación realmente lucharon para mí y para aquellos que, como yo, esperaban que su tren partiera al terminar la espera en esa estación que, hasta que la abandonamos, parece un lugar malo y aburrido.


Hoy realmente añoro mi estación, añoro mis jefes de estación, así como los pasajeros que esperaban junto a mí...¿qué tren habrá cogido cada uno?. Es imposible no sentir melancolía al volver a leer esa cantidad de histrorias incompletas...es imposible no sentir tristeza al pensar que, puede que esas historias queden para siempre así, incompletas. Pero, creo que lo más importante, es sentir alegría, alegría por haber cogido un tren, y por haber tenido una espera en la estación acompañada por ellos...
En recuerdo de todos mis profesores, compañeros, amigos y demás personas que compartieron su espera en la misma estación, haciendo de esta una estancia agradable y rica en buenos recuerdos...Luchemos por seguir escribiendo nuestras historias, y dejarlas lo menos incompletas posible. A todos, mi eterno agradecimiento, quizás, algún día, todos volvamos a encontrarnos de nuevo...en un tren de regreso, a nuestra estación.