lunes, 4 de marzo de 2013

Vives huyendo de ti mismo

Te miras al espejo, y rápidamente cierras los ojos. Sientes tu corazón acelerado, palpitando.
Abres tus ojos para volver a mirarte. Lo hiciste mal, una vez más. Ya no sabes qué hacer, cómo conseguir sentirte orgulloso de ti mismo. Sientes que ya no puedes más, que el mundo se acaba.

Al día siguiente te levantas, y vives el día de otra manera, siendo otra persona: te vistes distinto, te peinas distinto, intentas hablar de forma distinta, incluso pruebas afeitarte y no llevar la barba corta que solías llevar. Intentas ensayar una nueva mirada, procuras memorizar pequeños chistes. Quieres ser distinto, copiar a gente que admiras quizás, buscar caer bien, ser popular o simplemente sentirte más parecido a los demás.

Tú eres diferente, pero notas que la gente es igual contigo. "¡Vaya, no notan ningún cambio, me hablan como siempre y perciben lo mismo de siempre!" Te acercas a las personas con quien tienes más confianza y les preguntas por tu "nuevo yo". Nadie lo percibe, son pequeños detalles sin importancia.

Llegas a casa decepcionado, no has conseguido ser diferente. Aunque te has esforzado, no consigues dejar de ser tú. Siempre eres tú. Los demás siempre ven "tú" en ti.

Llevas un mes intentando dejar a "tú", y sólo consigues concluir que eres tú.
Has perdido un mes, intentando huir de ti mismo.