miércoles, 27 de junio de 2012

No culpes a Nadie

Nunca te quejes de nadie, ni de nada, 
porque fundamentalmente tú has hecho 
lo que querías en tu vida.



Acepta la dificultad de edificarte a ti 
mismo y el valor de empezar corrigiéndote. 
El triunfo del verdadero hombre surge de 
las cenizas de su error.

Nunca te quejes de tu soledad o de tu 
suerte, enfréntala con valor y acéptala. 
De una manera u otra es el resultado de 
tus actos y prueba que tú siempre 
has de ganar.

No te amargues de tu propio fracaso ni 
se lo cargues a otro, acéptate ahora o 
seguirás justificándote como un niño. 
Recuerda que cualquier momento es 
bueno para comenzar y que ninguno 
es tan terrible para claudicar.
No olvides que la causa de tu presente 
es tu pasado así como la causa de tu 
futuro será tu presente.

Aprende de los audaces, de los fuertes, 
de quien no acepta situaciones, de quien 

vivirá a pesar de todo, piensa menos en 
tus problemas y más en tu trabajo y tus 
problemas sin eliminarlos morirán.

Aprende a nacer desde el dolor y a ser 

más grande que el más grande de los 
obstáculos, mírate en el espejo de ti mismo 
y serás libre y fuerte y dejarás de ser un 
títere de las circunstancias porque tu 

mismo eres tu destino.

Levántate y mira el sol por las mañanas 
y respira la luz del amanecer. 
Tú eres parte de la fuerza de tu vida, 
ahora despiértate, lucha, camina, decídete 
y triunfarás en la vida; nunca pienses en la suerte, 
porque la suerte es: el pretexto de los fracasados.



Pablo Neruda

sábado, 9 de junio de 2012

Confesiones de un estudiante de Medicina...



"El valor de un hombre debe medirse por aquello que da, y no por aquello que recibe" A.Einstein

Así iniciaba un escrito realizado por unos médicos, explicando lo que, según ellos, implicaría ser un buen médico. Y es que esa pregunta creo que ronda por la cabeza de cada persona, haga lo que haga: "¿Seré bueno en lo que hago?¿Conseguiré superar mis propias expectativas?". Lo malo que comparte la Medicina con otras profesiones, aunque pocas, es que el "ser bueno en lo que hace" es casi una exigencia, más que una búsqueda de saciar nuestros propios deseos. Si no consigo aprender a ser bueno en lo que seré, la gente sufrirá, recibirá tratamientos inadecuados, y puede que incluso muera.

No creo que sea propio de muchas personas pararse a pensar en estas absurdidades en período de examen, a un día y dos noches del primero de unos cuantos exámenes. No obstante, la desesperación que causa el estar sentado horas, y ver que no se avanza, hacen surgir todo tipo de preguntas.
Confieso que, aunque muchas veces haya querido hacerlo ver así, nunca tuve las ideas muy claras en cuanto a qué carrera estudiar. De hecho, lo único que tenía claro es que quería ser científico, entender al menos un poquito de este caos incomprensible en el que vivimos. Por ello, no rechacé ninguna opción, desde las matemáticas puras hasta las ciencias aplicadas, como es la Medicina, pasando por la física, la química, la biología, y así, con el resto del conocimiento científico.

Amo la Medicina, no me cabe la menor duda. Tampoco creo que me haya equivocado. Me decanté por la Medicina precisamente por no ser una Ciencia pura. Entiendo que el mundo debe ser lógico, y debe tener explicaciones racionales para casi todo, pero a la vez, entiendo que no podemos perder la magia. Entiendo que no podemos ser robots, y creer que podemos almacenar todo el conocimiento en un libro gigante, conocer el Universo en su totalidad.... y es que hay muchas cosas, que la Ciencia no puede abarcar. La Medicina era, desde mi postura y visión, la única opción que me permitiría tener una visión científica y racional de las cosas, sin perderme del todo en un mundo matemáticamente calculado, en pensamientos cerrados por leyes  y afirmaciones. La práctica clínica me dejaría poder sentarme una tarde en una silla y pensar: "¿joder, pero esto cómo puede ser?" La práctica clínica dejaría en mi mente una pequeña puerta abierta a la duda, a la creencia de un mundo mágico, donde no todo tiene explicación y una definición en forma de ley absoluta, escrita en algún párrafo de algún libro perdido.

Hoy, ahora, en estos instantes, no tengo ni la menor idea de si la opción que en su día elegí es la más adecuada para mí. No creo que me haya equivocado, y sin embargo, no puedo parar de preguntarme qué hago aquí... No puedo para de desesperarme al ver que, en mi opinión, no estoy madurando y aprendiendo como lo hacen mis compañeros. No puedo evitar la frustración al ver que soy incapaz de retener tanta información. No soy de memorizar demasiado, me gusta más leer y aplicar razonamientos e interconexiones lógicas, que unan "las partes" en un todo. Ante tochos de folios, numerados y subrayados, rellenos de clasificaciones y definiciones...mi mente no puede hacer otra cosa que perderse.
Y entiendo que deba estudiar mucho, saber de todo y conocer muchísimos datos, porque, como decía un buen profesor del cual aprendí muchísimo: "Si no sabes que algo existe, ¿cómo lo vas a diagnosticar?"
Imagino que no me queda otra que aceptar que el fallo está en mi, y que aún debo esperar un poco más, a que me adapte y moldee mi mente de acuerdo con lo que se me exija...

... y es que no puedo evitar preguntarme, si de verdad conseguiré ser un buen médico.