domingo, 30 de diciembre de 2012

La prevalencia de la locura.

La locura. Esa palabra que representa algo que casi todos tememos que nos represente, cuando prácticamente ya nos representa a todos.

Los límites de la locura los fija cada uno. La locura, como tal, no existe, pues se basa en la subjetividad de la interpretación de las acciones. Muchas veces no nos atrevemos a juzgar si lo que otra persona hizo, pertenece al ámbito del bien, o del mal: "es muy subjetivo", "yo no sé cómo hubiera actuado en tu lugar", "no lo sé, lo que para mí está bien puede estar mal para otro". No obstante, con la locura todos nos atrevemos. Nos gusta hacer saber que otra persona está actuando "haciendo una locura".

¿Qué es la locura? A mi me gusta definirla como, "aquello que hacemos porque nos lo dicta nuestro corazón, nuestra intuición, cuando la siempre tan dura y fría lógica nos indica que el camino es erróneo". He de confesar que soy un experto en hacer locuras. En actuar de una manera que sorprende a mi entorno, en hacer cosas que pocos harían.... y sí, la mayoría de las veces me ha ido mal haciéndolo, he acabado perdiendo, herido o siendo tomado por "un idiota que no piensa lo que hace". Pero muchas veces cuando pienso "no tendría que haberlo hecho así, fue una estupidez", intento ponerme en la situación en la que me encontraba cuando decidí actuar así: "¿cómo me hubiera sentido entonces, si no hubiera actuado como creía que tenía que hacerlo entonces?".
Hace unas semanas, vi la famosa película "El caballero oscuro", por primera vez. Quiero citarla ya que es, probablemente, la película que más me ha recordado a la locura. Recuerdo concretamente dos frases que me llamaron mucho la atención, y mi mente estableció una conexión directa con lo que para mí significa la locura:
- Comisario Gordon: "Un héroe, no el héroe que nos merecíamos, pero sí el que necesitábamos".
- Batman: "Porque a veces, la verdad no es suficiente. A veces la gente se merece algo más. Merece una recompensa, por tener fé".

La locura podría ser ese héroe del que habla Gordon, que quizás no nos merecemos, pero necesitamos; o esa recompensa que supera la dura realidad, de la que habla Batman. Cuando falla la razón, cuando la realidad nos quita todas las fuerzas e ilusiones, cuando "lo racional" no consigue hacernos felices...

¿y si la solución a los errores cometidos por nuestras locuras, sólo puede venir de la mano de una nueva locura?

viernes, 21 de diciembre de 2012

"Sentimientos"


"Los científicos dicen que estamos hechos de átomos y moléculas. A mi, me enseñaron que estamos hechos de historias"
Algo por el estilo, aunque no recuerdo si con esas palabras, leí una vez en las letras de Eduardo Galeano.

¿Qué es la esperanza? Me gustaba definirla como, "aquello que nos permite seguir en pie aún cuando todo parece haber terminado". Hoy, creo que la esperanza es algo más que eso. Y no es del todo buena. La esperanza es, también, "aquello que te da el golpe de gracia, cuando ya todo ha acabado". 
Son muchos los sentimientos y emociones que nos afloran en nuestra vida. Pero creo que ninguno es tan útil y peligroso como la esperanza. Es la que nos puede mantener fuerte en las peores condiciones, y a la vez la que acaba con nosotros, cuando las cosas no están de nuestro lado. Pero bueno, eso es otra historia... no me dedicaré a hablar de la esperanza.

La Amistad es otro sentimiento extraño. Desde un punto de vista frío y objetivo, los amigos no son más que personas corrientes, con las que compartimos un poco más de tiempo que con las otras personas. Y es curioso como el tiempo, lo que hace la diferencia entre un extraño y un amigo, permite el nacimiento de otros sentimientos, que a veces nos hacen "encadenarnos" mucho a las personas: cariño, confianza, complicidad, lealtad, simpatía, buena onda... llámalo como quieras, pero, ¿a que quieres a tus amigos? 
Yo soy alguien muy extraño. Soy exteriormente frío, y poco cariñoso. No me gusta mostrarle a una persona que dependo de ella, o al menos que me importa mucho lo que siente, piensa, dice... Yo soy de los que parece que no le importa demasiado la gente. De los que no escucha. De los que no quiere.

Yo no puedo vivir sin mis amigos. Soy un... estúpido, que se encadena fuertemente a las personas que quiere. La vida me enseñó que eso era peligroso, y me prometí no volver a hacerlo... ¿He dicho alguna vez que casi nunca cumplo mis promesas? 
Bueno paro, que no estoy aquí para hablar de la Amistad. 

El esfuerzo no es exactamente un sentimiento, aunque para mi, personalmente, sí lo es. Pero el esfuerzo está infravalorado, o mejor dicho, está mal valorado. Pero no voy a hablar del esfuerzo.

¿De qué hablo ahora? En realidad no quiero hablar de nada, y de todo a la vez. Tengo tantas cosas que decir, cosas que deseo gritar. Pero no lo haré hoy... no todavía. 

Me enseñaron en el cole, que las historias tienen un principio, un nudo y un desenlace. El principio siempre es muy duro, tenemos que aprender nuevos datos, realizar un esfuerzo tremendo para adaptar nuestro "yo" a  lo que la historia nos imponga. Luego está el nudo, que a veces es muy interesante, y otras es un verdadero coñazo. Aquí ocurre todo, bueno casi. Aquí decides normalmente si te gusta o no la historia, si va según "lo previsto" o te sorprende y te exige más de ti. Normalmente el nudo cambia a las personas, al menos temporalmente. El desenlace. Lo que más odio de toda historia. Siempre es amargo, siempre exige una despedida, una lágrima, un "aquí se acaba, para siempre". Odio los finales, no se me dan bien las despedidas, ni las lágrimas. 

Hay tantas cosas que me gustaría decir, y sin embargo, ya no me apetece escribir. Ha sido un viaje interesante, al menos para mi. Ha sido un placer escribir las pequeñas tonterías que, unas veces se me ocurren, y otras voy viendo aquí y allí. Pero, ahora, creo que va siendo hora de cerrar algunas cosas. Hay que saber cuándo cerrar algo, ¿no se dice eso? Quizás algún día...

Hay algunos lugares, que se han vuelto demasiado melancólicos para mí... y yo odio la melancolía. Pero bueno... no estoy aquí para hablar de la melancolía.








jueves, 20 de diciembre de 2012

Mi última conversación


Era de noche, como siempre. La luz del patio estaba encendida, pero iluminaba muy poco, lo suficiente para que nosotros dos nos viéramos las caras, aunque temíamos mirarnos a los ojos. Llovía tranquilamente, tal y como yo adoraba, y nada se oía más que nuestras duras palabras, y el maravilloso sonido de las gotas de agua cayendo sobre la madera y resbalando sobre las tejas del techo. 
Nosotros estábamos en la puerta, ni dentro ni fuera, sino en el límite, como solíamos ponernos cuando teníamos que charlar seriamente. Él estaba ahí, tranquilo y con los ojos bien abiertos, escuchando como siempre hacía. Yo... bueno simplemente estaba, intentaba huir de su mirada directa y penetrante, buscando las palabras más racionales que vinieran a mi mente. Él tenía muy buen carácter, y casi no era capaz de alterarse lo más leve. Su diálogo no obstante era firme y directo, como solía hablar cuando temía por la otra persona, porque no le gustaba lo que estaba oyendo. Yo, era un desastre. Siempre lo soy, pero cuando quiero llorar, intento huir como un cobarde, diciendo cosas que no quiero decir, pensando cosas que no quiero pensar. 

- ¿Y bien, ya has acabado? Tu postura me sorprende, no es propio de ti. 
+ Mi postura no te sorprende, pues ya me conoces. Sabías que te diría esto.
- Sin embargo me has llamado, ¿para que intente hacerte cambiar de opinión? 
+ No. Sólo necesitaba un amigo.
- .....
+ No suelo ser sincero con los sentimientos, no suelo decir la verdad de lo que siento. Sólo soy sincero con el resto de las cosas, con todo aquello que no le chive a nadie lo que siento por dentro. Odio la hipocresía, no aguanto la deslealtad, critico la tiranía, me enfurezco con el deshonor....
- Y eres incapaz de decir que estás destrozado, y que necesitas llorar con alguien a tu lado.
+....sí.

Salí bajo la lluvia. Quería sentir el frío de las gotas de agua sobre mis mejillas y mi frente. Quería sentir mi ropa empapada. Quería sentirme vivo. 

- El truco de llorar bajo la lluvia ya es muy viejo. Puedes volver aquí y llorar a cara descubierta, soy tu amigo.
+ También puedes venir tú aquí y llorar conmigo.
- No me apetece llorar.
+ Entonces deja que la lluvia resbale sobre tu cara, y llore por ti.

Ambos entramos dentro de la casa, nos sentamos ante la chimenea y cogimos un par de cubatas. 

+ Así que, ¿me has dicho que abandonas? 
- Técnicamente no, abandonar implica dejar de intentar, antes del fin de la batalla. Yo no he dejado de intentar, yo no he abandonado. He luchado. Hasta el final. He sido derrotado, no he abandonado.
+ Así que todo acaba aquí. Lo que ha ocurrido hasta aquí queda en un... 

No recuerdo exactamente cuáles fueron las palabras que salieron de su boca. Sólo recuerdo que me miró, y presté más atención a sus ojos que a sus palabras. Sus ojos mostraban comprensión, y sin embargo enfado. Estaban húmedos y pareciese que fuera a llorar, pero no lo hizo. Estaba en blanco. Por primera vez, la única persona que sabía siempre qué decir, se levantó de la silla, sirvió otro par de copas y dijo... "Hay un tiempo para todo" 
No ocurrió nada más, nunca volví a verle, ni a hablar con él. Yo odiaba las conversaciones inacabadas, odiaba quedarme con tantas cosas que decir, pero sobre todo con tantas cosas que escuchar. Me gusta escuchar a la gente, y mucho más a alguien que sé que me aprecia. Pero aquella conversación, simplemente quedó sin final para mi memoria. 

* Puedes para de hablar ya si quieres, descansa un poco. 
- Gracias.
* Hay algo que me ha llamado la atención, ¿por qué has hablado de todo en pasado: me gustaba, odiaba, yo era, etc?
- Bueno, simplemente quiero creer que todo forma parte del pasado, y no del presente. 
* ¿Quieres auto-engañarte?
- Prefiero decir, que quiero creer... que he cambiado. 
* Supongo que ya no volveremos a vernos, como aquella vez, ¿no?

lunes, 10 de diciembre de 2012

Delirios de la Humanidad

En una triste noche, donde los perros ladran de felicidad
brillan los delirios de la humanidad
bajo los impasibles ojos del ser mas mal enseñado.
¿Cuál es el sentido de la supervivencia...
cuando integridad y honestidad no son más que palabras vacías?

La supervivencia del más común,
entre incompatibilidades y variedades impuestas.
Imposición natural, de nuestra madre, de nuestra creadora,
pues no habrá mayor creadora que la variedad.
El resto, meras copias son.

Los días tristes son para soñar,
pues no habrá mayor tristeza que la de no poder soñar.
En un día en el que el Mundo es mierda, 
los delirios de la Humanidad se muestran como son.

No intentes comprender lo que no sigue una razón,
del mismo modo que no intentas conocer a aquello que te hace temer.
Sin embargo no habrá mayor Maestro que el temor,
pues sólo cuando tememos empleamos todo nuestro potencial.
Sólo cuando tememos, nos mostramos como somos por dentro.

Los días tristes son para soñar, 
del mismo modo que las noches tristes son para escribir.
Escribir, que no hablar. Crear, que no copiar.
Porque en las noches tristes, yo aprendí a mirar aquello que fue.
Y lo que fue parecía absurdamente imposible,
y sin embargo, fue.

Ahora que el futuro parece una certeza matemática,
mi mente quiere creer en las hadas.
Porque los delirios de la Humanidad, 
no siguen las leyes de la razón, son para soñar.

Vicente